El espíritu panamericano en la reumatología.

    EL ESPIRITU PANAMERICANO

 

La primera vez que escuché hablar del Congreso Panamericano fue en 1990. Estaba en primer año de reumatología en el Instituto Nacional de la Nutrición bajo la tutela de Donato Alarcón Segovia. El servicio era un hervidero y, además del Dr Alarcón, estaban Antonio Cabral, Jorge Alcocer, Jorge Sánchez Guerrero, Mario Cardiel, Alberto Palacios y Arnoldo Kraus, entre otros, que no dejaban de mencionar el evento panamericano que se realizaría en la Ciudad de Guadalajara y los trabajos que presentaría el servicio en esa oportunidad. No pude concluir un trabajo sobre las hemorragias en astilla y el síndrome antifosfolípido que estaba haciendo con Donato y por esta razón quedé a cargo del servicio en el DF (como llaman los mexicanos a la Ciudad de México). Mientras tanto, la mayoría del servicio se encontraba disfrutando de lo que percibí desde entonces como la gran fiesta de la reumatología panamericana.

 

Dos enseñanzas aprendí de aquel episodio: primero, siempre intentar llevar un trabajo a los congresos para ser más que un simple asistente, un verdadero participante en cualquiera de sus modalidades; segundo, que los congresos ppanamericanos eran muy importantes para nuestra especialidad. Sólo doce años más tarde (en esa época se realizaban cada 4 años) pude asistir al Congreso Panamericano en Aruba organizado por Venezuela. Tras vivir aquella experiencia de integración continental y de lo nuestro, jamás deje de asistir a uno en los últimos 16 años.

El espíritu Panamericano.

 

Es interesante cómo surgió en la historia de PANLAR la necesidad de una institución que aglomerase “el espíritu panamericano“, que juntara y ayudara a crear ligas en los diferentes países y permitiera estudiar y controlar mejor las enfermedades reumáticas. Es una tarea en la que avanzamos, pero en la que aún hay muchas cosas pendientes. Las iniciativas en este sentido se concretaron a través de los Congresos Panamericanos, cuya primera edición fue en Brasil en el año 1955. Después de casi veinte ediciones, ser anfitrión es sin lugar a dudas el honor más grande que puede albergar cada uno de nuestros países.

 

Creo que no podría ser de otra manera. Mientras el mundo lo hacía en otras áreas, el panamericanismo, con origen en las luchas de la independencia,   se iba definiendo como un movimiento político y socioeconómico extendido a otras áreas y que promueve el espíritu de cooperación y asociación supranacional basado en intereses comunes. El panamericanismo representado en instituciones políticas como la OEA, deportivas como los Juegos Panamericanos o académicas como PANLAR encarna la creencia en la unidad entre las naciones que hacen parte de nuestro continente. La amistad, lealtad, hermandad y buena vecindad son valores exaltados por el panamericanismo.

 

No son únicamente los Congresos los que han forjado ese espíritu panamericano. Es altamente motivador ir encontrando en los viajes a través del continente sociedades nacionales orgullosas de su pasado pero que también reservan un espacio importante y único para sus logros futuros en el contexto panamericano.

La huella de los pioneros.

 

Pude apreciar esta conjunción de factores en mi reciente visita al Instituto Nacional de Reumatología del Uruguay (INRU) durante el XXXI Congreso Nacional. El INRU es un instituto pionero en América, fundado en 1971. En sus aulas coexisten la asistencia, la docencia y la investigación, integrando la universidad a través de la cátedra y lo gremial a través de la Sociedad Uruguaya de Reumatología, una de las más antiguas del continente. Visitar el auditorio, nombrado en honor al Dr. Moisés Mizraji, quien lo impulsó hasta su realización, el museo de la reumatología que hay en el mismo y las diferentes áreas de servicios para pacientes, es testimonio del respeto de sus miembros por los valores y espíritu panamericano que heredaron de los pioneros.

 

Igualmente, en Venezuela estuve en la primera conferencia “Isaac Abadí” dentro del XIII Congreso, dictada por el mismo profesor Abadí, un maestro de la reumatología panamericana que hizo una semblanza de lo que representa nuestra especialidad desde sus orígenes. Tuvimos oportunidad de hablar sobre cómo surgió el Centro Nacional de Enfermedades Reumáticas de Venezuela, a través de un programa específico de lucha contra las enfermedades reumáticas en el año de 1973. Todos los reumatólogos venezolanos han recibido la influencia directa o indirecta de este centro y sus unidades. Estos centros ha contribuido decisivamente no sólo en los logros académicos de la reumatología en sus países sino de todo el continente y han impulsado con una visión, adelantada en décadas, la estructura necesaria para luchar contra las enfermedades reumáticas.

El camino hacia los Centros de Excelencia.

 

 

Mientras impulsamos el proyecto de Centros de Excelencia en Artritis Reumatoide no pude dejar de pensar, y así se lo comunique al coordinador del programa, el Dr. Pedro Santos, en la necesidad de que estos centros sean la semilla de un modelo integrado de atención que teniendo en cuenta las diferencias que existen en ellos y las diferencias locales permita aspirar a tener instituciones como estas en cada uno de nuestros países. Estos centros son un ejemplo para las otros gobiernos nacionales, que apenas están comprendiendo la carga de las enfermedades crónicas como las reumáticas y buscan establecer modelos apropiados de atención para las mismas.

 

Podríamos pensar en una oficina de PANLAR encargada de estos asuntos de salud pública como un órgano que aglutine y regule el modelo de Centros de Excelencia en Reumatología, dado su impacto creciente. Una especie de oficina de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) pero dedicada a la reumatología y, por supuesto, dependiente de PANLAR pero con desarrollo autónomo.

 

Escribimos sobre varios ejemplos de este tipo en el libro “Retos para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades reumáticas”, pues desde hace una década son ejemplos dignos de resaltar más allá de sus fronteras. Por eso propondré al subcomité de premios y distinciones de PANLAR que sean declarados patrimonio de la reumatología panamericana.

 

Este será un pequeño reconocimiento comparado con todo lo que se ha podido hacer a través de los mismos, pues cumplen la función de dar ejemplo y ser guía no sólo para reumatólogos, sino también para otros centros de excelencia, para impulsar la unidad y el espíritu supranacional en cada uno de nuestros países y establecer un recuerdo permanente para las nuevas generaciones.

 

Las asociaciones nacionales, instituciones y centros de formación docente en la especialidad serán también reconocidos como parte fundamental en la adquisición de los valores que promovemos en el nuevo PANLAR.

 

Carlo Vinicio Caballero

octubre de 2016

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